Desde hace tiempo se viene hablando en los ámbitos periodísticos, en las tertulias de los medios y en las informaciones de toda índole, que el gobierno actual, y en general toda la clase política no realiza la comunicación adecuada, si es que la realiza.
Cuando escuchas a los políticos en las diversas entrevistas que les realizan, casi todos coinciden en que quizás no están comunicando bien, que seguramente no están sabiendo explicar adecuadamente sus decisiones y sus formas de actuar, y que deben realizar una "profunda reflexión" para mejorar en éste aspecto. Y así un día tras otro, una semana tras otra y un año tras otro. Al final llega uno a la conclusión de que ni realizan tal reflexión, ni piensan en modificar o mejorar su comunicación, ni tampoco es verdad que piensen que no comunican bien. Eso lo pensamos el resto de la población, pero ellos, estoy seguro, están convencidos de que comunican lo que quieren comunicar y lo hacen de la forma que quieren hacerlo. Ni más ni menos, aunque a nosotros nos parezca un grave error, ellos están convencidos de que no es así. De otra forma rectificarían y no lo hacen.
Por tanto y puesto que hacen lo que estiman adecuado, podemos deducir que ellos lo que quieren no es exactamente "comunicar" sino "hacer comunicados" que son dos términos muy diferentes.
Comunicar, al menos en mi opinión, supone que alguien (persona, empresa o institución) quiere decir algo pero sobre todo que pretende que ese algo sea escuchado y entendido por aquellos a los que va dirigido. Aunque sea una comunicación "unidireccional" y no se pretenda generar ningún tipo de diálogo con el receptor que genere bidireccionalidad, lo que sí es seguro es que se quiere que el mensaje llegue a los destinatarios y que éstos lo entiendan, lo asimilen y, en su caso, lo adopten como principio válido en sus futuras acciones.
Por el contrario, hacer comunicados, que es lo que realizan el gobierno y los políticos, supone nada más que decir lo que uno quiere decir, sin importarle lo más mínimo que eso sea escuchado, entendido y aceptado por los destinatarios. Ellos dicen lo que entienden que deben decir, sea bueno o malo, sea entendible o no, sea convincente o no, y una vez emitido el comunicado, la labor está terminada.
Lo malo es que en casi todas las ocasiones, eso que dicen ni es verdad, ni es entendible, ni por supuesto es aceptado y asumido por la población. Y así, cada día los intereses de los políticos y los partidos están más lejos de los intereses de aquellos que les mantienen con vida con sus votos.
jueves, 25 de octubre de 2012
miércoles, 24 de octubre de 2012
Señores políticos, ¿dónde está el marketing?
Dicen que el cliente es el rey, el que manda, el que siempre tiene razón y, exceptuando a algunas personas que son demasiado quisquillosas o un pelín paranoicas, en general ésta afirmación es totalmente cierta. Sí, somos los reyes, somos las personas a las que hay que conquistar, a las que luego hay que mantener cada día en un esfuerzo constante de fidelización, y a las que finalmente nos deben premiar para que nos convirtamos en los mejores y más eficaces prescriptores de sus productos.
Las empresas hace tiempo que se han dado cuenta de ello y por eso los departamentos de marketing y sus estrategias se enfocan más hacia el cliente, desarrollan un marketing totalmente enfocado a conocer a los clientes, saber sus gustos y necesidades e intentar satisfacerlas de la manera más eficaz posible. En definitiva, saben que deben seducir a los clientes, y no sólo al principio, sino cada día de los que dure su mutua relación. Eso significa acercarse a él, contactar con él, dialogar con él, escucharle, preguntarle y sobre todo, hacerle caso en sus sugerencias y demandas. El cliente, la persona que compra y usa el producto, puede decir siempre mucho más acerca de él que cualquier estudio frío y calculado.
En definitiva, cuidar la venta y sobre todo y muy especialmente, "mimar" el período de postventa que al fin y al cabo no deja de ser un período de nueva preventa si sabemos fidelizar al cliente y obtener de él la repetición en su decisión de compra hacia nuestro producto. Todas las empresas saben estos extremos, todas o casi todas tienen sus departamentos de "crm", de fidelización, de contacto con el cliente, aunque no demasiadas realizan estas funciones con la necesaria eficacia y profesionalidad.
Resumiendo y como he afirmado tantas y tantas veces, no hay que pensar en el "valor actual de la venta", sino en el "valor futuro del cliente". Por ello han surgido en los últimos años técnicas y estrategias de marketing que se engloban en los conceptos de marketing emocional, marketing de sensaciones y marketing de experiencias, porque se ha comprobado que buenas experiencias, buenas sensaciones y buenas emociones de los clientes con nuestro producto, son las mejores formas de que se mantenga fiel hacia el mismo.
Pero, ¿qué es lo que pasa en política?, ¿no conocen los políticos y sus partidos todos estos términos y conceptos?. Parece ser que no, parece ser que su idea del marketing es vendernos unos cuantos eslóganes cada cuatro años, contarnos unas cuantas promesas que seguro no cumplirán, vocear en los mitines durante 20 días cada cuatro años, y después..... después el olvido más absoluto. Y en ese mundo sólo parece que se habla de marketing para justificar cualquier engaño o intento de convencernos de cosas que son imposibles de asumir.
Señores políticos, ustedes no dejan de ser un producto que compramos los votantes y por ello, deben saber que rigen (exceptuando a las personas de ideas fijas y hooligans varios) los mismos principios que para cualquier otro producto. Mediten que si no nos proporcionan buenas sensaciones, buenas experiencias y no son capaces de emocionarnos, muy difícilmente compraremos lo que nos vendan.
Las empresas hace tiempo que se han dado cuenta de ello y por eso los departamentos de marketing y sus estrategias se enfocan más hacia el cliente, desarrollan un marketing totalmente enfocado a conocer a los clientes, saber sus gustos y necesidades e intentar satisfacerlas de la manera más eficaz posible. En definitiva, saben que deben seducir a los clientes, y no sólo al principio, sino cada día de los que dure su mutua relación. Eso significa acercarse a él, contactar con él, dialogar con él, escucharle, preguntarle y sobre todo, hacerle caso en sus sugerencias y demandas. El cliente, la persona que compra y usa el producto, puede decir siempre mucho más acerca de él que cualquier estudio frío y calculado.
En definitiva, cuidar la venta y sobre todo y muy especialmente, "mimar" el período de postventa que al fin y al cabo no deja de ser un período de nueva preventa si sabemos fidelizar al cliente y obtener de él la repetición en su decisión de compra hacia nuestro producto. Todas las empresas saben estos extremos, todas o casi todas tienen sus departamentos de "crm", de fidelización, de contacto con el cliente, aunque no demasiadas realizan estas funciones con la necesaria eficacia y profesionalidad.
Resumiendo y como he afirmado tantas y tantas veces, no hay que pensar en el "valor actual de la venta", sino en el "valor futuro del cliente". Por ello han surgido en los últimos años técnicas y estrategias de marketing que se engloban en los conceptos de marketing emocional, marketing de sensaciones y marketing de experiencias, porque se ha comprobado que buenas experiencias, buenas sensaciones y buenas emociones de los clientes con nuestro producto, son las mejores formas de que se mantenga fiel hacia el mismo.
Pero, ¿qué es lo que pasa en política?, ¿no conocen los políticos y sus partidos todos estos términos y conceptos?. Parece ser que no, parece ser que su idea del marketing es vendernos unos cuantos eslóganes cada cuatro años, contarnos unas cuantas promesas que seguro no cumplirán, vocear en los mitines durante 20 días cada cuatro años, y después..... después el olvido más absoluto. Y en ese mundo sólo parece que se habla de marketing para justificar cualquier engaño o intento de convencernos de cosas que son imposibles de asumir.
Señores políticos, ustedes no dejan de ser un producto que compramos los votantes y por ello, deben saber que rigen (exceptuando a las personas de ideas fijas y hooligans varios) los mismos principios que para cualquier otro producto. Mediten que si no nos proporcionan buenas sensaciones, buenas experiencias y no son capaces de emocionarnos, muy difícilmente compraremos lo que nos vendan.
martes, 23 de octubre de 2012
Marketing
El marketing, como ciencia empresarial relativamente reciente, aún tiene muchos
aspectos por investigar y descubrir.
Al no ser una ciencia exacta, los principios básicos sobre los que se asienta, no son en ningún caso principios inmutables e inamovibles, sino que evolucionan con la evolución de la sociedad, y sufren constantes cambios derivados de las diferentes culturas y formas de vida de las personas, y del constante desarrollo social, económico y tecnológico.
En cualquier caso, lo que sí se puede afirmar, es que es una ciencia que se origina a partir del comportamiento humano, se explica por él, y se aplica al desarrollo del mismo comportamiento humano.
Como pensamiento general, podemos afirmar que éste comportamiento se basa en dos aspectos básicos:
Al no ser una ciencia exacta, los principios básicos sobre los que se asienta, no son en ningún caso principios inmutables e inamovibles, sino que evolucionan con la evolución de la sociedad, y sufren constantes cambios derivados de las diferentes culturas y formas de vida de las personas, y del constante desarrollo social, económico y tecnológico.
En cualquier caso, lo que sí se puede afirmar, es que es una ciencia que se origina a partir del comportamiento humano, se explica por él, y se aplica al desarrollo del mismo comportamiento humano.
Como pensamiento general, podemos afirmar que éste comportamiento se basa en dos aspectos básicos:
1.- Normas
sociales, formas y hábitos de vida derivados de las tradiciones y las
costumbres.
2.- Normas
sociales, formas y hábitos de vida derivados del desarrollo social
Las
tradiciones y costumbres, tomados como formas de vida, hábitos y necesidades de
los hombres, suelen representar principios básicos y primarios que evolucionan
muy poco y muy lentamente. Son las que se corresponderían con el primer escalón
de las jerarquías de necesidades explicado por Maslow por medio de su famosa
pirámide.
Por
otra parte, el desarrollo social, es rápido y constante, y especialmente en las
últimas décadas, suele suponer cambios bruscos en los hábitos y necesidades.
Atendiendo
a éste desarrollo, que se correspondería con lo que son las jerarquías
superiores de Maslow, los cambios, las necesidades reales o generadas y las
formas en que éstas se satisfacen, cambian con una rapidez inusitada.
Por
ello, el Marketing, atendiendo a estos dos aspectos, debe contemplar ciertos
principios básicos fundamentales, que son de ayer, hoy y mañana, y otros que se
deben ir adaptando al desarrollo social y humano.
Estas
últimas afirmaciones, nos llevan al concepto del Marketing desde el punto de
vista de las teorías escritas, unas que permanecen en el tiempo, y otras que se
van adaptando a los cambios. Tenemos por tanto:
- Un
“Marketing teórico básico”, y
- Un
“Marketing teórico en evolución”.
Adicionalmente
a lo anterior, nos encontramos con la realidad del día a día, con lo que más
allá de lo que está escrito en los libros de texto y de consulta, se va
escribiendo “virtualmente” por parte de los protagonistas de la vida
empresarial, con sus estrategias, estudios, dudas, aciertos y fracasos, es
decir, con el “Marketing como práctica empresarial”. En
éste caso, la teoría en general, se ve en numerosas ocasiones sobrepasada por
la práctica.
Ello
es debido a que, el “marketing teórico” se vería como un “ente en sí mismo”,
que sólo tendría en cuenta la materia de la que trata y las relaciones de
mercado en situaciones “ideales y asépticas”, es decir, en situaciones de no
influencia de ningún aspecto de la vida social, económica y empresarial, ni del
resto de actividades y funciones de las empresas, mientras que el “marketing
práctico” está contaminado y condicionado por la realidad empresarial, que en
muchas ocasiones influye más en su desarrollo que el propio mercado.
martes, 16 de octubre de 2012
Sentido común: ¿el nuevo marketing?
Es curiosa la manía y costumbre extendida últimamente y de
forma muy especial entre la clase política y algunas altas jerarquías
económicas y empresariales, o sea de esos señores que viven en alguna galaxia
alejada de la cruda realidad del mundo en que vivimos, de la manía decía de
denominar con la expresión “operación de marketing” a cualquier cosa que
pretenda engañarnos por enésima vez, vendernos lo invendible, convencernos de
lo inexistente y pretender hacernos ver virtudes donde sólo hay vacío, y en
todo caso de haber algo, solamente serían defectos y vicios ocultos.
Por otra parte algunos de los profesionales del sector entre
los que no me cuento, los que se supone que saben y que son expertos del tema,
y que por tanto son los que deben darnos las definiciones y argumentos válidos
y explicativos sobre lo que de verdad es el marketing, parece que a lo único
que se dedican en los últimos tiempos es a buscar expresiones, a cada cual más
complicada, para acotar y parcelar, y volver a acotar y volver a parcelar en
una estrategia sin fin, cualquier aspecto que permita subdividir el marketing
en más y más subdivisiones, subespecialidades, subsectores y todos los sub que
queramos poner.
Así nos vamos encontrando cada día y desde hace ya tiempo
con expresiones y disciplinas tales como: marketing relacional, marketing de
guerrilla, marketing emocional, marketing intelligence, marketing piramidal,
marketing multinivel, network marketing, online marketing, offline marketing,
outbound marketing, email marketing, socialmedia marketing, mobile marketing,
sensomarketing, neuromarketing, emomarketing, etc, etc, etc
Qué barbaridad, como sigamos así, vamos a acabar teniendo
una disciplina de marketing para cada día de la semana, para cada hora del día
y para cada temporada del año.
Todos son expertos, todos son conocedores de lo que dicen,
aunque aquellos primeros no sepan de lo que hablan cuando usan la palabra
marketing, y estos últimos estén solo preocupados de inventar cada día una
nueva disciplina para parcelar un poco más lo que de verdad es el marketing y
la comunicación.
Pero a ninguno de ellos, ni a los primeros ni a los
segundos, les he oído decir nunca lo que de verdad yo creo que es el marketing
y como tal se lo contaba yo a mis alumnos cuando daba mis clases. Era muy fácil
les decía yo, el marketing es ni más ni menos que “sentido común”, acompañado
de conocimiento. ¿Fácil no creen?
Porque si consideramos el marketing como aquello que hay que
hacer para conseguir que una persona compre un producto, con todas sus
estrategias y circunstancias intermedias que hay que contemplar, el sentido
común nos indica que el único camino posible es que, aquél que tiene el
producto debe tratar de acercarse, conocer y persuadir a aquél que quiere que se
lo compre. Ni más ni menos, conocimiento, cercanía y persuasión. El conseguir
que una persona compre tu producto y se mantenga fiel al mismo, es exactamente
igual que conseguir que el chico/a que te gusta sea tu pareja y te permanezca
fiel. Cada día hay que volver a conquistar al cliente o a la pareja. Lo que
decía, puro sentido común.
lunes, 8 de octubre de 2012
La marca España
Andan últimamente todos locos y revueltos con el tema de la "Marca España", que si se ha deteriorado en el extranjero, que si como la recuperamos, que como la vendemos, que si unos la estropean y otras más, y un largo etcétera de opiniones, comentarios, análisis de expertos y de no expertos, y multitud de líneas y espacios en los medios.
Unos, los que ahora mandan, dicen que los socialistas cometieron toda clase de tropelías, que despilfarraron, que nos llevaron a un desastre sin precedentes y que por eso la marca está por los suelos, vaya que nadie da un euro por ella.
Otros, los que mandaban antes, que dicen que la desconfianza y el esperpento lo ha generado el gobierno popular, diciendo una cosa y haciendo otra, proclamando que no se fía nadie de Rajoy, que en todos los países europeos le toman a chufla y varias cosas más, y que por eso, ya no se fía de nosotros absolutamente nadie.
Y yo me pregunto: ¿qué era la "Marca España" antes y qué es hoy?, ¿ha existido de verdad alguna vez la "Marca España" como producto solvente y creíble?.
Personalmente creo que la marca España fuera de nuestras fronteras nunca ha sido gran cosa, más que nada ha sido como siempre, sol, toros, flamenco, fiesta y vino. Y eso es lo que creo que sigue siendo. Hemos pasado unos cuantos años en los que nos hemos creído, más bien algunos se han creído, que éramos los "reyes del mambo", multitud de gente con menos de dos dedos de frente pero con mucho morro y pocas luces, que no se sabe muy bien como, de repente empezaban a amasar fortunas absurdas, basadas fundamentalmente el el ladrillo, esa maldita burbuja de la que muchos se aprovecharon, con la que algunos se enriquecieron, y que ahora hemos de pagar todos. El dinero volaba, los coches de alta gama, los chalés, los restaurantes de lujo, los viajes, la ropa cara y "viva la Pepa". Todo hueco y vacío, un engaño que pagaremos durante años. Más allá de eso, la marca España no ha tenido demasiado recorrido, aunque alguna de nuestras empresas multinacionales, hayan tenido en los últimos años una expansión internacional enorme, pero muy pocas ganas de llevar el nombre de España en su expansión fuera de nuestras fronteras.
La marca España desgraciadamente no nos la compra nadie fuera de aquí porque en primer lugar no la compramos ni nosotros mismos. Siempre hemos sido muy dados a acoger lo que venía de fuera como si fuera el "no va más" y en los últimos tiempos y con el enriquecimiento de mucha gente de pocas luces, hasta se permitían eso de usar palabrería extranjera y hasta hablar con acento de fuera porque habían pasado unos días en USA o en UK.
Como en casi todos los productos existentes, para que la sociedad los compre y crea en ellos, lo primero que debe ocurrir es que aquellos que los fabrican sean los primeros en creer en ellos, comprarlos y recomendarlos.
El día que nosotros mismos compremos la "Marca España" internamente, creamos en ella y estemos plenamente convencidos de su valor, seremos capaces de convencer al resto del mundo de que la "Marca España" es algo que vale la pena.
Unos, los que ahora mandan, dicen que los socialistas cometieron toda clase de tropelías, que despilfarraron, que nos llevaron a un desastre sin precedentes y que por eso la marca está por los suelos, vaya que nadie da un euro por ella.
Otros, los que mandaban antes, que dicen que la desconfianza y el esperpento lo ha generado el gobierno popular, diciendo una cosa y haciendo otra, proclamando que no se fía nadie de Rajoy, que en todos los países europeos le toman a chufla y varias cosas más, y que por eso, ya no se fía de nosotros absolutamente nadie.
Y yo me pregunto: ¿qué era la "Marca España" antes y qué es hoy?, ¿ha existido de verdad alguna vez la "Marca España" como producto solvente y creíble?.
Personalmente creo que la marca España fuera de nuestras fronteras nunca ha sido gran cosa, más que nada ha sido como siempre, sol, toros, flamenco, fiesta y vino. Y eso es lo que creo que sigue siendo. Hemos pasado unos cuantos años en los que nos hemos creído, más bien algunos se han creído, que éramos los "reyes del mambo", multitud de gente con menos de dos dedos de frente pero con mucho morro y pocas luces, que no se sabe muy bien como, de repente empezaban a amasar fortunas absurdas, basadas fundamentalmente el el ladrillo, esa maldita burbuja de la que muchos se aprovecharon, con la que algunos se enriquecieron, y que ahora hemos de pagar todos. El dinero volaba, los coches de alta gama, los chalés, los restaurantes de lujo, los viajes, la ropa cara y "viva la Pepa". Todo hueco y vacío, un engaño que pagaremos durante años. Más allá de eso, la marca España no ha tenido demasiado recorrido, aunque alguna de nuestras empresas multinacionales, hayan tenido en los últimos años una expansión internacional enorme, pero muy pocas ganas de llevar el nombre de España en su expansión fuera de nuestras fronteras.
La marca España desgraciadamente no nos la compra nadie fuera de aquí porque en primer lugar no la compramos ni nosotros mismos. Siempre hemos sido muy dados a acoger lo que venía de fuera como si fuera el "no va más" y en los últimos tiempos y con el enriquecimiento de mucha gente de pocas luces, hasta se permitían eso de usar palabrería extranjera y hasta hablar con acento de fuera porque habían pasado unos días en USA o en UK.
Como en casi todos los productos existentes, para que la sociedad los compre y crea en ellos, lo primero que debe ocurrir es que aquellos que los fabrican sean los primeros en creer en ellos, comprarlos y recomendarlos.
El día que nosotros mismos compremos la "Marca España" internamente, creamos en ella y estemos plenamente convencidos de su valor, seremos capaces de convencer al resto del mundo de que la "Marca España" es algo que vale la pena.
viernes, 21 de septiembre de 2012
Vendo ideas, ¿alguien compra?
Parece que vivimos momentos en los que la tristeza y la depresión colectiva se han apoderado de todos los ámbitos de la sociedad. Te levantas por la mañana, pones la radio y enseguida empiezas a deprimirte, que si la prima sube, que si la bolsa baja, que si los capitales huyen a paraísos fiscales, que si desahucian a unos, que si despiden a otros, que si pedimos rescate, que si piden independencia. En fin que le dan ganas a uno de ponerse tapones en los oídos, meterse de nuevo en la cama, taparse hasta las cejas y olvidarse del mundo.
Las cosas están mal, y entre los políticos y los medios nos las ponen mucho peor cada día, parece que no hay lugar para el optimismo.
Uno, que ha vivido momentos buenos (soy de los que llama buenos a vivir con normalidad sin lujos ni derroches), se ha visto sumergido por esas raras casualidades de la vida y ayudadas estas por algunas personas de esas que les gusta "joder al prójimo", en el bajón que sólo nos suele llegar a los que no vendemos voluntades ni puñaladas. Bajón profesional, económico, anímico y alguno más.
Aún así evitas el derrumbe y sigues pensando que las cosas se te tienen que poner de cara. Sigues pensando, sigues generando ideas y proyectos, y sigues intentando encontrar a quien te los compre. Buscas directamente o te vales de terceros que te abran algunas puertas.
Pero ¿qué ocurre?, pues que presentas ideas, presentas proyectos, sabes que gustan porque te lo dicen y sabes que son buenos porque te lo vuelven a decir... pero..... nadie contesta, nadie dice adelante, nadie apuesta por ellos porque nadie quiere "mojarse" con algo a no ser que tenga asegurado de alguna forma un éxito personal exclusivo. No se apuesta por los demás, sólo se apuesta cuando uno tiene seguro que se va a llenar su propio bolsillo o su ego. Y así las ideas y los proyectos se desvanecen.
Y seguimos a pesar de todo.
Las cosas están mal, y entre los políticos y los medios nos las ponen mucho peor cada día, parece que no hay lugar para el optimismo.
Uno, que ha vivido momentos buenos (soy de los que llama buenos a vivir con normalidad sin lujos ni derroches), se ha visto sumergido por esas raras casualidades de la vida y ayudadas estas por algunas personas de esas que les gusta "joder al prójimo", en el bajón que sólo nos suele llegar a los que no vendemos voluntades ni puñaladas. Bajón profesional, económico, anímico y alguno más.
Aún así evitas el derrumbe y sigues pensando que las cosas se te tienen que poner de cara. Sigues pensando, sigues generando ideas y proyectos, y sigues intentando encontrar a quien te los compre. Buscas directamente o te vales de terceros que te abran algunas puertas.
Pero ¿qué ocurre?, pues que presentas ideas, presentas proyectos, sabes que gustan porque te lo dicen y sabes que son buenos porque te lo vuelven a decir... pero..... nadie contesta, nadie dice adelante, nadie apuesta por ellos porque nadie quiere "mojarse" con algo a no ser que tenga asegurado de alguna forma un éxito personal exclusivo. No se apuesta por los demás, sólo se apuesta cuando uno tiene seguro que se va a llenar su propio bolsillo o su ego. Y así las ideas y los proyectos se desvanecen.
Y seguimos a pesar de todo.
lunes, 17 de septiembre de 2012
¿Nuevas apuestas?
Hacía tiempo que no escribía nada en el blog, he dejado que pase demasiado tiempo sin ejercitar esa buena y sana costumbre de escribir, aunque sea poco y aunque quizás carezca de interés. Pero escribir es bueno, ejercita la cabeza, vuelcas ideas y cuando las escribes, siempre surgen matices que sin hacerlo nunca verías.
En fin que aquí estoy de nuevo.
Y quería comentar algunas reflexiones acerca de cómo las personas que tiene el poder y la capacidad de decidir, se comportan ante proyectos e ideas que les presentan.
En principio todos afirman que los anteriormente citados están siempre ansiosos de recibir proyectos novedosos, ya que en general parece que las ideas escasean y los espíritus emprendedores cada vez emprenden menos. No estoy seguro de que esto sea así, o mejor dicho, estoy seguro de que no es así y por una razón fundamental que he podido comprobar últimamente. Aquellos que pueden hacer que un proyecto se ponga en marcha, bien porque tienen poder para ello, bien porque disponen de los medios económicos suficientes para ello, o bien porque tienen los contactos y las puertas abiertas necesarias para ello, no moverán un sólo dedo si el proyecto no les va a representar a ellos obtener un inmediato rédito económico, de poder o de imagen, y sobre todo no moverán un dedo si intuyen que existe el más mínimo riesgo de que el proyecto pueda generar algún problema en su status, por pequeño que el problema pueda ser.
En general todos estos personajes que podrían apoyar proyectos y nuevas ideas, sólo se mueven cuando creen que el éxito está 100% garantizado, aunque no acabo de entender que actúen así porque todos sabemos que garantizado al 100% no existe nada en el mundo.
Por tanto y contestando a la pregunta del título del post, yo diría que las nuevas apuestas solamente son apoyadas cuando el éxito se supone seguro, pero no el éxito para el proyecto en sí, sino éxito personal, económico o de poder para el que lo apoya. Es decir no se apoyan los proyectos por los proyectos en sí mismos, sino por lo que los que lo apoyan puedan obtener para ellos.
En fin que aquí estoy de nuevo.
Y quería comentar algunas reflexiones acerca de cómo las personas que tiene el poder y la capacidad de decidir, se comportan ante proyectos e ideas que les presentan.
En principio todos afirman que los anteriormente citados están siempre ansiosos de recibir proyectos novedosos, ya que en general parece que las ideas escasean y los espíritus emprendedores cada vez emprenden menos. No estoy seguro de que esto sea así, o mejor dicho, estoy seguro de que no es así y por una razón fundamental que he podido comprobar últimamente. Aquellos que pueden hacer que un proyecto se ponga en marcha, bien porque tienen poder para ello, bien porque disponen de los medios económicos suficientes para ello, o bien porque tienen los contactos y las puertas abiertas necesarias para ello, no moverán un sólo dedo si el proyecto no les va a representar a ellos obtener un inmediato rédito económico, de poder o de imagen, y sobre todo no moverán un dedo si intuyen que existe el más mínimo riesgo de que el proyecto pueda generar algún problema en su status, por pequeño que el problema pueda ser.
En general todos estos personajes que podrían apoyar proyectos y nuevas ideas, sólo se mueven cuando creen que el éxito está 100% garantizado, aunque no acabo de entender que actúen así porque todos sabemos que garantizado al 100% no existe nada en el mundo.
Por tanto y contestando a la pregunta del título del post, yo diría que las nuevas apuestas solamente son apoyadas cuando el éxito se supone seguro, pero no el éxito para el proyecto en sí, sino éxito personal, económico o de poder para el que lo apoya. Es decir no se apoyan los proyectos por los proyectos en sí mismos, sino por lo que los que lo apoyan puedan obtener para ellos.
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